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Vaca Muerta se despega de la recesión

La energía crece mientras la industria busca un piso.

Vaca Muerta se despega de la recesión

La energía crece mientras la industria busca un piso.

La economía argentina muestra dos velocidades. Mientras la industria manufacturera enfrenta caída de la demanda, presión importadora y pérdida de competitividad, el petróleo shale mantiene tasas de crecimiento de dos dígitos y profundiza el perfil exportador del país.

Argentina atraviesa una transformación que empieza a marcar una diferencia cada vez más visible entre sectores. Mientras buena parte de la industria manufacturera continúa enfrentando una combinación de menor demanda interna, competencia importada y costos que afectan su estructura productiva, el sector energético mantiene una dinámica expansiva.

El fenómeno tiene un protagonista indiscutido: Vaca Muerta.

El diagnóstico elaborado por Qualy Consultora describe una economía de dos velocidades. De un lado aparecen las actividades vinculadas al consumo durable, los bienes de capital, los electrodomésticos, la electrónica, la indumentaria y el calzado. Del otro, un complejo energético que continúa ampliando producción, infraestructura y capacidad exportadora.

La diferencia no es solamente coyuntural. También comienza a revelar un cambio en la estructura productiva argentina.

El shale es el motor del petróleo argentino

Los datos de julio muestran con claridad dónde está concentrado el crecimiento hidrocarburífero.

La producción de petróleo shale aumentó 26,4% interanual y acumuló una mejora del 33,6% en los primeros siete meses del año. Si la comparación se realiza contra julio de dos años atrás, el crecimiento alcanza el 67,3%.

El comportamiento del petróleo convencional es completamente diferente: registró una caída interanual del 11,6% y acumula una baja del 8,9% en el año.

La fotografía permite sacar una conclusión relevante: el crecimiento petrolero argentino no es homogéneo; está concentrado cada vez más en los desarrollos no convencionales de Vaca Muerta.

El petróleo total prácticamente no se movió en la comparación mensual, con una mejora de apenas 0,1%, pero mostró un crecimiento del 12,1% interanual y acumuló una expansión del 16,5% durante el año.

Detrás de esas cifras existe una transformación productiva que excede al yacimiento.

Cada barril adicional producido en Vaca Muerta necesita caminos, oleoductos, plantas de tratamiento, equipos, servicios petroleros, transporte, infraestructura eléctrica, almacenamiento y puertos. Es decir, el crecimiento de la producción genera una cadena económica mucho más extensa que la actividad estrictamente extractiva.

El gas todavía presenta otra dinámica

El panorama gasífero es menos contundente.

La producción total cayó 1,1% mensual y 1,6% interanual en julio, aunque mantiene una mejora acumulada del 0,7% en el año.

Nuevamente aparece una diferencia entre convencional y no convencional.

El shale gas registró un crecimiento interanual del 3,8%, mientras que el gas convencional retrocedió 12,3%.

Esto muestra que el proceso de sustitución productiva también está avanzando en el gas, aunque con una velocidad diferente a la observada en el petróleo.

La infraestructura será determinante para transformar ese potencial en dólares.

Gasoductos, plantas de procesamiento, proyectos de GNL y capacidad de transporte serán claves para que Argentina pueda convertir sus recursos gasíferos en una plataforma exportadora permanente.

La industria manufacturera, en cambio, sigue retrocediendo

El contraste con la industria es significativo.

Según el diagnóstico de Qualy, el Índice de Producción Industrial Manufacturero cayó 5% mensual en julio, en términos desestacionalizados, y 4,9% interanual.

El acumulado del año muestra una contracción del 2,6%, mientras que frente a 2023 el retroceso llega al 11,8%.

La explicación combina varios factores.

La pérdida de poder adquisitivo limita el consumo interno y deja capacidad productiva sin utilizar. Al mismo tiempo, la apertura comercial incrementa la competencia sobre determinados sectores manufactureros, mientras los costos fijos y los insumos energéticos afectan la estructura de las empresas.

El problema es especialmente visible en actividades vinculadas con bienes durables y bienes de capital.

Maquinaria agrícola, electrodomésticos, electrónica, indumentaria y calzado aparecen entre los sectores más expuestos a esta combinación de menor demanda y mayor competencia externa.

La refinación aparece como una excepción

Dentro del universo industrial existe, sin embargo, un sector que acompaña el crecimiento energético: la refinación de hidrocarburos.

La mayor producción petrolera genera una demanda adicional sobre la infraestructura de procesamiento y contribuye a sostener una actividad que, a diferencia de buena parte de la manufactura, está vinculada con un sector que continúa expandiéndose.

La industria papelera y maderera también aparece entre las actividades que lograron mostrar una evolución positiva.

Pero el dato energético tiene una particularidad: no solamente resiste mejor el ciclo económico, sino que está construyendo una nueva fuente de generación de divisas.

El verdadero desafío: que el crecimiento energético derrame

Aquí aparece la discusión que Argentina todavía tiene pendiente.

¿Puede Vaca Muerta convertirse en un motor capaz de traccionar al resto de la economía?

La respuesta no depende únicamente de cuánto petróleo produzca el país.

El desafío consiste en desarrollar proveedores nacionales, ampliar infraestructura, generar empleo calificado, fortalecer las pymes regionales y transformar una mayor producción de hidrocarburos en inversión industrial y exportaciones.

Vaca Muerta puede producir millones de barriles, pero detrás de cada pozo existe una enorme demanda de bienes y servicios.

La oportunidad está precisamente allí.

Si la Argentina logra construir una cadena de proveedores competitiva alrededor del petróleo y el gas, el fenómeno energético podría dejar de ser simplemente un enclave de producción hidrocarburífera para transformarse en uno de los principales motores de una nueva etapa industrial argentina.

Mientras una parte de la industria todavía busca encontrar un piso, Vaca Muerta está buscando un techo.

Y la diferencia entre ambos procesos puede definir buena parte de la economía argentina de los próximos años.

Fuente: VMO

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