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Venezuela vuelve al petróleo

¿Un nuevo competidor para Vaca Muerta por las inversiones?

Venezuela vuelve al petróleo

¿Un nuevo competidor para Vaca Muerta por las inversiones?

Caracas abrió nuevamente la puerta al capital privado, cerró acuerdos con empresas internacionales y busca recuperar su producción. Vaca Muerta llega a este nuevo escenario desde una posición muy diferente: récord de producción, infraestructura de exportación en marcha y una creciente necesidad de atraer capital para acelerar su desarrollo.

El mapa petrolero de América Latina está empezando a moverse.

Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, volvió a colocarse en el centro de la agenda de las grandes compañías energéticas. Después de años de caída productiva, sanciones, falta de inversión y deterioro de infraestructura, Caracas está impulsando una apertura del sector para recuperar producción y atraer capital privado.

El movimiento ya no es solamente una declaración política.

En las últimas semanas se multiplicaron los acuerdos con compañías internacionales. Reuters informó que Venezuela negocia inversiones, contratos y proyectos con empresas estadounidenses, europeas y latinoamericanas, mientras el gobierno de Delcy Rodríguez intenta reconstruir su industria petrolera y avanzar en una reestructuración de la deuda.

Y aparece una pregunta inevitable para Argentina:

¿Puede Venezuela convertirse nuevamente en un competidor por las inversiones que hoy miran a Vaca Muerta?

La respuesta todavía no está definida. Pero la pregunta ya tiene sentido.

Venezuela tiene el recurso. Ahora busca recuperar la industria

El atractivo venezolano es difícil de ignorar.

El país posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, concentradas principalmente en la Faja del Orinoco y otras áreas como el Lago de Maracaibo. Sin embargo, décadas de deterioro de la industria hicieron que su producción quedara muy por debajo del potencial de sus yacimientos.

Reuters estimó recientemente la producción venezolana en alrededor de 1,25 millones de barriles diarios, muy lejos de los más de 3 millones de barriles diarios que llegó a producir en décadas anteriores.

El nuevo gobierno está intentando cambiar esa ecuación.

La estrategia combina apertura al capital privado, nuevos acuerdos con compañías internacionales, recuperación de infraestructura y modificaciones regulatorias destinadas a mejorar las condiciones para quienes estén dispuestos a invertir durante décadas.

En septiembre, además, Venezuela firmó un memorando de entendimiento con TotalEnergies, mientras que Halliburton avanzó con acuerdos con Eneva y WESCA para estudiar nuevos proyectos petroleros y gasíferos.

La señal para el mercado es clara: Venezuela quiere volver a ser un destino relevante para la industria petrolera internacional.

El acuerdo con Estados Unidos cambió la escala

El salto más importante llegó en agosto.

El gobierno de Estados Unidos anunció un acuerdo destinado a facilitar el desarrollo de 17 campos petroleros venezolanos, con más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas.

Según las cifras difundidas por el gobierno venezolano, el esquema podría movilizar cerca de US$100.000 millones en inversión privada y generar unos US$209.000 millones en impuestos y regalías durante la vigencia del programa.

Reuters, sin embargo, señaló que todavía existen interrogantes sobre la estructura legal y financiera del acuerdo, además de obstáculos relacionados con infraestructura, capacidad de exportación y el marco institucional venezolano.

Es un punto fundamental.

Porque tener petróleo debajo de la tierra no significa automáticamente poder convertirlo en barriles competitivos en el mercado internacional.

Venezuela necesita recuperar oleoductos, instalaciones, equipos, generación eléctrica, terminales, perforación, servicios petroleros y capacidad de procesamiento.

Y justamente ahí aparece una oportunidad enorme para las empresas que quieran ingresar.

Chevron vuelve a mirar a Venezuela

Uno de los casos más importantes es Chevron.

La compañía estadounidense está ampliando nuevamente su presencia en Venezuela y analiza inversiones para incrementar significativamente su producción.

El movimiento de Chevron es relevante para Vaca Muerta por una razón muy concreta: la empresa también es uno de los actores centrales del shale neuquino.

Es decir, el capital y el conocimiento técnico de una misma compañía pueden encontrarse simultáneamente frente a dos oportunidades petroleras diferentes.

Venezuela ofrece enormes reservas convencionales y crudos pesados que requieren recuperación de infraestructura y tecnología.

Vaca Muerta ofrece un recurso no convencional con una curva de aprendizaje ya desarrollada, producción creciente y una infraestructura exportadora que está avanzando rápidamente.

No es la misma ecuación.

Pero sí compiten por algo que resulta fundamental:

capital.

Vaca Muerta juega con otra ventaja: ya está produciendo

Argentina no llega a esta discusión desde cero.

Llega con una industria shale en expansión.

En julio, Vaca Muerta alcanzó 643.100 barriles diarios, un crecimiento interanual del 26,4%, según datos de la Secretaría de Energía.

Y los datos de agosto muestran que el crecimiento continuó: distintos relevamientos ubicaron la producción de la formación en torno a 670.000 barriles diarios, equivalentes al 72,4% del petróleo producido por Argentina.

Pero quizás el dato más importante no está solamente en la producción.

Está en lo que se está construyendo alrededor de ella.

El proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) avanza para conectar la producción neuquina con Punta Colorada, en Río Negro, y ampliar progresivamente la capacidad de evacuación y exportación.

El proyecto contempla una capacidad de transporte de hasta 550.000 barriles diarios, con posibilidades de expansión posteriores, y una inversión inicial cercana a US$3.000 millones.

Eso cambia la ecuación.

Argentina está intentando transformar a Vaca Muerta de una formación productiva en una plataforma exportadora de escala internacional.

El subsuelo también entra en la competencia

Hay otro dato que merece atención.

Un estudio oficial difundido en agosto elevó a 30.170 millones de barriles los recursos técnicamente recuperables de petróleo estimados para Vaca Muerta.

La estimación fue elaborada por el IAPG con participación de técnicos de operadoras, universidades y la Secretaría de Energía.

Es decir que Argentina no solamente tiene producción.

Tiene todavía una enorme superficie de desarrollo por delante.

La cuestión pasa entonces por cuánto capital puede movilizar, a qué velocidad puede perforar, cuánto puede reducir sus costos y qué infraestructura consigue construir para colocar esos barriles en el mercado mundial.

¿Dónde puede aparecer la competencia?

La posible competencia entre Venezuela y Vaca Muerta no necesariamente significa que una formación vaya a quitarle inversiones a la otra.

El mercado petrolero internacional tiene suficiente capital y empresas con capacidad para participar en múltiples proyectos.

Pero las compañías tienen que decidir dónde colocar cada dólar adicional.

Y ahí sí aparecen variables comparables:

  • estabilidad jurídica;
  • régimen fiscal;
  • acceso al mercado internacional;
  • costos de desarrollo;
  • productividad de los pozos;
  • infraestructura;
  • disponibilidad de servicios petroleros;
  • posibilidad de repatriar capital;
  • riesgo político;
  • calidad y capacidad de los recursos humanos;
  • acceso a financiamiento.

Venezuela está intentando mejorar varias de esas condiciones al mismo tiempo.

Argentina, por su parte, está utilizando instrumentos como el RIGI para atraer grandes inversiones y acelerar infraestructura de exportación.

Dos modelos petroleros frente a una misma pregunta

La diferencia entre ambos países es importante.

Venezuela necesita reconstruir gran parte de su industria para volver a acercarse a su potencial.

Vaca Muerta necesita acelerar una industria que ya demostró productividad y que ahora busca multiplicar su escala.

Son dos desafíos diferentes.

Venezuela tiene una ventaja extraordinaria en volumen de reservas y una enorme cantidad de infraestructura histórica que puede ser recuperada.

Argentina tiene una ventaja en la productividad del shale, una cadena de servicios que se desarrolló alrededor de Vaca Muerta y un ecosistema empresarial que ya está operando a gran escala.

Pero ninguno de los dos puede crecer solamente con petróleo debajo del suelo.

Necesitan capital.

La pelea que puede venir no será solamente por los barriles

Para Vaca Muerta, quizás la señal más importante que llega desde Venezuela no sea cuánto petróleo puede producir Caracas dentro de cinco o diez años.

La señal está en otra parte:

el mundo vuelve a mirar a Venezuela.

Y cuando los grandes jugadores internacionales vuelven a mirar un país petrolero, detrás aparecen bancos, fondos de inversión, compañías de servicios, fabricantes de equipos, proveedores, contratistas y trabajadores especializados.

Reuters ya registró incluso un movimiento de equipos petroleros usados desde Estados Unidos hacia Venezuela ante la expectativa de una recuperación de la actividad.

Ese fenómeno puede abrir un nuevo mercado para la industria global de servicios petroleros.

Y allí Argentina también tiene algo para defender.

Vaca Muerta construyó en los últimos años una cadena de proveedores, empresas de servicios y trabajadores especializados que forman parte de una experiencia shale que todavía puede crecer.

Vaca Muerta no debería mirar a Venezuela con miedo, sino con atención

La aparición de Venezuela nuevamente en el tablero petrolero internacional no significa que Vaca Muerta pierda automáticamente atractivo.

Significa que la competencia por el capital energético puede hacerse más intensa.

Argentina tiene una ventana de oportunidad que no es eterna.

El crecimiento de la producción, la expansión del VMOS, los proyectos de GNL, la llegada de nuevas inversiones y el desarrollo de proveedores pueden consolidar a Vaca Muerta como uno de los grandes polos energéticos de la región.

Pero para eso hay una condición:

el petróleo tiene que salir del subsuelo, llegar al mercado y generar una economía alrededor.

Venezuela está intentando recuperar el tiempo perdido.

Argentina está intentando aprovechar el suyo.

Y por primera vez en mucho tiempo, dos gigantes petroleros sudamericanos vuelven a aparecer en la misma conversación internacional.

La pregunta ya no es solamente quién tiene más petróleo.

La pregunta es:

¿quién consigue convertir sus reservas en producción competitiva, exportaciones, inversiones y empleo?

Ahí estará buena parte de la competencia energética de los próximos años.

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Fuente: VMO

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