
Zona Fría: el Senado cambió el esquema de subsidios
La Patagonia enfrenta un nuevo escenario tarifario.
El Senado convirtió en ley la reforma del régimen de Zona Fría. El beneficio deja de tener el mismo alcance territorial y se concentra en la Patagonia, la Puna y Malargüe, mientras que para el resto del país el acceso dependerá principalmente de criterios socioeconómicos. El cambio también modifica la forma en que se calcula el subsidio y abre una pregunta central para Neuquén: cuánto terminarán pagando los hogares el próximo invierno.
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El mapa energético argentino acaba de cambiar nuevamente.
El Senado convirtió en ley este jueves la reforma del régimen de Zona Fría, con 38 votos a favor y 8 en contra, y modificó el sistema de subsidios al gas que durante los últimos años había ampliado su alcance territorial.
Para la Patagonia, el cambio tiene una particularidad: el beneficio no desaparece, pero sí cambia su mecanismo.
La nueva discusión ya no pasa solamente por quién está dentro o fuera de la Zona Fría.
Ahora la pregunta es sobre qué parte de la factura se aplicará efectivamente el beneficio y cuánto terminará pagando cada usuario.
Y para una región donde las temperaturas invernales hacen que el gas no sea un consumo accesorio sino una necesidad básica, la discusión tiene una dimensión social que excede ampliamente la cuestión tarifaria.
Neuquén: producir el gas y pagar la factura
El caso neuquino tiene una particularidad difícil de ignorar.
Neuquén es el corazón de Vaca Muerta y una de las principales fuentes de gas de la Argentina.
Desde sus yacimientos sale una parte cada vez mayor del gas que abastece al sistema energético nacional.
Pero el hecho de producir el recurso no significa que los hogares neuquinos reciban automáticamente una energía barata.
Entre el gas que sale del pozo y la factura que llega a una vivienda existen distintos componentes: producción, transporte, distribución, impuestos y otros cargos regulatorios.
La reforma apunta precisamente a modificar dónde se concentra el subsidio.
Según la normativa energética vigente, el esquema nacional de subsidios focalizados aplica las bonificaciones del gas sobre el costo promedio ponderado del gas asociado al Plan Gas.Ar, en lugar de subsidiar de manera general todos los componentes de la factura.
Ese cambio puede parecer técnico.
Para una familia, puede significar algo mucho más concreto:
cuánto paga para calefaccionarse durante el invierno.
La Zona Fría histórica permanece
La reforma mantiene el beneficio para las regiones históricamente incluidas: la Patagonia, la Puna y Malargüe.
Sin embargo, el esquema deja de funcionar exactamente de la misma manera que bajo el régimen ampliado en 2021.
La Ley 27.637 había extendido el beneficio a numerosas regiones utilizando criterios vinculados con las zonas bioambientales y establecía una tarifa diferencial sobre los cuadros tarifarios plenos.
Ese modelo es el que ahora comienza a quedar atrás.
La ampliación había incorporado a millones de usuarios que antes no tenían el descuento.
La nueva ley reduce ese alcance territorial y establece un sistema más focalizado para quienes queden fuera de las zonas históricas. Distintos relevamientos posteriores a la votación estiman que más de un millón de usuarios dejarán de tener el beneficio automático por ubicación.
¿Qué cambia para las familias?
El cambio más importante es que vivir en una determinada zona ya no garantiza por sí mismo el mismo nivel de subsidio que antes para las jurisdicciones que pierden el beneficio territorial.
El sistema nacional de subsidios ya utiliza criterios de ingresos.
El Decreto 943/2025 estableció como referencia que los hogares cuyos ingresos netos superen tres Canastas Básicas Totales quedan fuera del régimen de Subsidios Energéticos Focalizados, además de contemplar otros criterios patrimoniales.
Esto significa que el modelo energético argentino avanza desde un subsidio asociado principalmente al territorio hacia un esquema donde adquieren mayor peso los ingresos y la vulnerabilidad del hogar.
El argumento oficial es que los subsidios deben concentrarse en quienes realmente necesitan asistencia.
La discusión que queda abierta es cómo se determina esa necesidad en una región donde el frío obliga a consumir más energía que en otras zonas del país.
El problema de la Patagonia
La Patagonia tiene una particularidad energética que no puede ignorarse.
El consumo de gas residencial está directamente condicionado por las temperaturas.
Una familia que necesita calefaccionar durante buena parte del año no puede simplemente reducir su consumo al mismo nivel que un hogar ubicado en una región de clima más templado.
Por eso, el debate sobre el subsidio no puede reducirse a comparar ingresos.
También hay que mirar el costo físico de vivir y producir en cada región.
En Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, la calefacción forma parte de las necesidades básicas de los hogares durante buena parte del invierno.
Y allí aparece uno de los grandes desafíos de la política energética:
cómo avanzar hacia tarifas que reflejen costos reales sin convertir el acceso a la energía en un problema social.
Vaca Muerta y una paradoja energética
La discusión adquiere todavía más fuerza en Neuquén por una razón evidente.
Mientras los hogares reciben el impacto de la actualización tarifaria, Vaca Muerta continúa aumentando su producción.
Argentina busca transformar ese crecimiento en más exportaciones, infraestructura y divisas.
El país está construyendo oleoductos.
Está ampliando gasoductos.
Está proyectando GNL.
Está buscando nuevos mercados.
Y al mismo tiempo discute cuánto debe pagar una familia neuquina para calefaccionarse.
No necesariamente existe una contradicción económica entre ambas cosas.
Pero sí existe una pregunta política y social que merece ser respondida:
¿Cómo se distribuye el beneficio de una riqueza energética que se produce en la Patagonia?
El gas barato también tiene un costo
Durante años, Argentina sostuvo tarifas residenciales alejadas de los costos económicos de producción y abastecimiento.
Ese esquema permitió reducir el impacto de las facturas sobre los hogares, pero también generó una creciente necesidad de subsidios públicos.
El Gobierno actual intenta modificar esa estructura mediante la reducción y focalización de los subsidios.
En 2026, el régimen de Subsidios Energéticos Focalizados establece bonificaciones sobre determinados consumos y concentra el beneficio en los hogares que cumplen las condiciones de vulnerabilidad.
La discusión, entonces, dejó de ser simplemente “subsidio sí o subsidio no”.
Ahora es:
¿Quién recibe el subsidio, cuánto recibe y durante cuánto tiempo?
El invierno será la prueba
La sanción legislativa ocurre en septiembre.
La verdadera prueba llegará cuando aumente el consumo residencial.
El próximo invierno permitirá observar con mayor claridad cuánto impactará la nueva estructura sobre las facturas de los hogares.
Especialmente en la Patagonia.
Porque una cosa es modificar una fórmula en una ley.
Y otra muy diferente es recibir una factura en julio o agosto cuando una familia necesita calefaccionar su vivienda todos los días.
Ese será el momento en que la discusión técnica se transforme en una cuestión concreta para millones de usuarios.
El desafío para Neuquén
Para Neuquén, el debate debería incorporar una variable adicional.
La provincia no solamente tiene bajas temperaturas y grandes distancias.
También es la principal productora de gas del país y el corazón de Vaca Muerta.
Por eso, la discusión sobre la tarifa residencial debería estar acompañada por una discusión más amplia sobre el desarrollo energético.
Si Argentina logra aumentar la producción de gas, reducir costos de transporte, ampliar la infraestructura y consolidar mercados de exportación, habrá más posibilidades de construir un sistema energético menos dependiente de subsidios generalizados.
Pero esa transición tiene que ser compatible con el acceso de los hogares a la energía.
Del subsidio general al subsidio focalizado
La Argentina está intentando cambiar de modelo.
El régimen anterior tenía una fuerte lógica territorial.
El nuevo esquema busca combinar ubicación, ingresos, consumo y vulnerabilidad.
La idea es concentrar recursos fiscales donde sean más necesarios.
La discusión legítima es cómo se define esa necesidad y si los parámetros utilizados reflejan realmente las condiciones de vida de cada región.
La Patagonia tendrá que seguir de cerca esa evolución.
Porque el gas puede ser un recurso abundante en el subsuelo neuquino, pero eso no significa que automáticamente sea barato para quien lo consume en su casa.
La energía de Vaca Muerta también se juega en los hogares
La gran transformación energética argentina no se va a medir solamente en barriles producidos, millones de metros cúbicos transportados o buques de GNL exportados.
También se medirá en algo mucho más cotidiano:
si una familia puede calefaccionar su casa durante el invierno sin que la factura energética se convierta en una carga imposible de afrontar.
Vaca Muerta puede convertir a la Argentina en un gran productor y exportador energético.
Pero el desafío será que esa riqueza también ayude a construir un sistema energético más eficiente, más previsible y accesible para los argentinos.
La reforma de Zona Fría abre una nueva etapa.
Ahora será el invierno el que tendrá la última palabra.
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Fuente: VMO